Todos nosotros nos hemos sentido perdidos alguna vez, o hemos buscado un sentido a la vida, o preocupado por mejorar nuestra situación cultural, social, profesional, etc. Algunos tienen mejor fortuna o preparación que otros. Ese joven que vitorea a Hitler podría ser cualquiera de nosotros si se hubiesen dado otras circunstancias. Se nos ha dado una educación basada en aprender fórmulas, sin llegar al fondo, al por qué de su funcionamiento, como si fuésemos máquinas. Tenemos que buscarnos la vida confiando en que nos hayan enseñado el funcionamiento correcto, y tropezamos muchas veces.
Aquí y allá aparecen gentes con respuestas. Todos han pasado por los mismos problemas que nosotros, todos han encontrado el camino verdadero, y todos se contradicen.
"No es lo mismo tener la mente abierta que un agujero en la mente" -Un científico-.
El crédulo es aquel que "quiere creer", como el Mulder de X-Files. No es que se lo crea todo absolutamente. No es tonto. No es un ignorante. Pero si le cuentan lo que quiere oir lo aceptará como cierto sin criticarlo.
El escéptico es aquel que no quiere creer, sino que "quiere saber". No es aquel que no se crée nada en absoluto, sino "el que duda". No es dogmático. No es inflexible. Pero si le cuentan algo tendrá que criticarlo y contrastarlo antes de aceptarlo como cierto, y sabrá que lo es en lugar de creerlo ciégamente.
¿Cual de estos dos conseguirá ser sabio?
El problema de la verdad es que no es accesible a todo el mundo. Se encuentra dispersa, hay que ir a buscarla. Hay miles de libros que contienen conocimientos históricos, físicos, filosóficos, y hay millones de personas que no pueden acceder a ellos o no les interesa. Cosas que nosotros conocemos son desconocidas para la mayoría, y viceversa.
Si empezamos a interesarnos por el mundo de lo esotérico, lo oculto, lo alternativo, encontraremos grandes cantidades de información. Algunas se contradicen. Algunas son sólo palabrería. ¿Cómo conseguiremos distinguir la verdad de la mentira? Siendo escépticos. No dando todo por cierto al momento de leerlo o escucharlo.
Supongamos que alguien nos habla de algo que nos interesa y nos gustaría que fuera cierto. Nuestras defensas bajarán y aceptaremos su palabra con mayor facilidad, por ello debemos ser más escépticos en estos casos. No es malo confiar en la gente, pero tampoco lo es comprobar sus afirmaciones. Si son ciertas, nada pueden temer.
Ahora bien, no todas las afirmaciones pueden ser comprobadas por nosotros mismos.
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